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lunes, 1 de junio de 2009

Sobre trueques y prosumidores

Del 29 al 31 de mayo participé en el 4to. encuentro nacional de sistemas de trueque. La experiencia fue enriquecedora, conocí gente de todo tipo, organicé un pequeño trueque turístico Colombia - Venezuela y viví la experiencia de un mercado de trueque donde los productos provenían de todo el país.
Mi intención inicial era la de intercambiar fotografías (retratos de los productores, fotos del evento, etc.) pero preferí ser participante activo en vez de pasar tanto tiempo detrás de la cámara. Para el día del trueque Siria y yo preparamos veinticinco paquetes con hojas de toronjil recogidas de nuestro jardín, en la feria se le dio un valor de tres unidades (en estos mercados no se usa moneda pero es necesario marcar un valor comparativo con los demás productos para poder hacer una permuta eficiente). Al principio pensé que mi humilde producto serviría básicamente como souvenir pero una vez ofertado todos estuvieron dispuestos con gusto a hacer los intercambios!

A cambio de mis hojitas de toronjil recogidas en el patio de mi casa, con una inversión de veinticinco hojas carta, mismo número de grapas y un poco de esfuerzo obtuve:

  1. Una guía impresa sobre cómo hacer un filtro de arena para el reciclaje de aguas grises
  2. Un paquete de cacao de Yaracuy, 250 gramos.
  3. Una acema tocuyana.
  4. 300 cc de miel Bella Vista, del fundo Zamorano en Yaracuy.
  5. 200 cc de mermelada de fresa de la cooperativa de las Mujeres Productivas de Niquitao.
  6. 200 cc de mermelada de piña, de Yaracuy.
  7. Una botella de 0.70 litros de ponche de frutas Suchitoto de Falcón.
  8. Dos paquetes (como los míos de toronjil) de hojas de eucalipto de Mérida
  9. Un aguacate larense.
  10. Dos auyamas enanas de Yaracuy.
  11. Media naiboa.
  12. Un gurrufio tocuyano artesanal tallado en madera y pintado a mano.
  13. Tres dulces de leche merideños (a cambio de la otra mitad de la naiboa).
Además traje a casa cuatro collares Yucpas (que me dieron a cambio de una muñeca-lámpara que me regaló uno de los invitados colombianos) y una bolsa con diez naranjas que alguien dejó olvidada al marcharse todo el mundo.

Una de las mejores cosas que me deja esta experiencia es el deseo de producir algo, no sólo cosechar hojas del patio, sino elaborar algún producto que le aumente el valor a lo que pueda llevar al próximo mercado de trueque, o sea: convertirme oficialmente en un prosumidor.

2 comentarios:

  1. No se, en pleno siglo XXI, mientras unos astronautas reparan un telescopio en orbita y Google lucha por el monopolio editorial electrónico del futuro, me cuesta tomarme en serio estas iniciativas.

    Pueden ser humanas pero las veo tan ¿pintorescas? ¿ingenuas?

    No se, burgues alienado amante de los lujos que es uno ;)

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  2. Como dice Siria: todos son un montón de hippies.

    Pero también es cierto que mientras unos astronautas reparan un telescopio en órbita yo a veces no tengo para comprarle a mi vecina unos cuantos huevos. Sin embargo si tengo productos o servicios que no me cuestan ni el valor de un par de cebollas y ella daría gustosa su gallina a cambio.

    Es un asunto decididamente pintoresco, pero definitivamente nada ingenuo.

    Cuando necesite un nuevo lente para mi cámara fotográfica seguramente lo pediré por amazon, o tal vez termine por ir a buscarlo personalmente a NY, pero cuando no hay liquidez no está de más que tanto mi vecina como yo tengamos alguna educación sobre asuntos de trueque.

    En todo caso recuerda que vivo en una zona rural, donde todos en la calle me saludan por mi nombre. No creo que el trueque represente un cambio del paradigma ni mucho menos del sistema económico global, pero hay casos donde somos comunidades suficientemente pequeñas, todos "prosumidores" donde estas prácticas son evidentemente positivas para la economía local y personal.

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